La señora María estaba en la planta baja del edificio en el que vivía.
Su hermana estaba arriba, en el apartamento.
En ese instante, a las 6:04 de la tarde, dos terremotos sacudieron el norte de Venezuela con una diferencia de 39 segundos.
María se salvó, pero su hermana murió.
"Ella siente culpa porque salió y porque cuando estaba en la planta baja no apuró a su hermana lo suficiente para que bajara", me cuenta la doctora Francis Bell, psicóloga especializada en neurodesarrollo.
Bell me habla de "la culpa del sobreviviente" y de cuán común puede llegar a ser en catástrofes como la que vivió Venezuela el 24 de junio, cuando dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 devastaron zonas del país.
Es una reacción que el psicólogo Hamilton Lizcano también ha observado tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia este 10 de agosto.
"Yo te pude haber rescatado, hija, pasaron muchas horas, yo te pude haber rescatado", le escuchó decir a un padre que abrazaba el cuerpo sin vida de su pequeña en Cali.
"Ese papá siente una culpa por no haberla sacado de los escombros", le dice el especialista a BBC Mundo.
Bell, con su experiencia en Venezuela, señala que hay gente que, por ejemplo, siente culpa por haberse quedado en la casa mientras su pariente, que había salido, murió.
"Tiene culpa por lo que hizo o dejó de hacer".
"Son patrones de pensamiento que son comunes, ver la ilusión de que pudo haber controlado la situación o que tuvo responsabilidad en algo que sucedió".
"Sentir la culpa por haber quedado vivo y la culpa por lo que le pasó a su ser querido".
Ayudar a aquellas víctimas que tienen esos pensamientos a dejar de experimentarlos es uno de los muchos desafíos de los especialistas en salud mental en Colombia y en Venezuela.
En Colombia, el terremoto dejó más de 280 muertos y 140 desaparecidos, según reportes oficiales.
En Venezuela, más de 6.000 personas murieron en el doblete sísmico, según información gubernamental. Y, pese a que no hay certeza, otras fuentes estiman decenas de miles de desaparecidos.
Más de 6.000 personas murieron en el "doblete sísmico" que sacudió a Venezuela, según información gubernamental. [Bloomberg vía Getty Images]
Bell es jefa de la unidad de neurodesarrollo en el Hospital Ciudad Caribia, ubicado muy cerca de la zona devastada por los terremotos, en el estado La Guaira, en Venezuela.
Allí, ha atendido a víctimas de los sismos.
Vía telefónica, me cuenta el caso de la señora que no tuvo hijos y que perdió a su hermana, pero no me da su nombre y tampoco se lo pregunto. Para proteger su privacidad la llamo María.
"Ya no tiene casa, siente el abandono total de su existencia porque perdió lo que para ella era su esencia: la otra persona".
"Ahora, normaliza un estado de depresión, desesperanza, como si fuera parte de su vida porque ya no está su alma gemela, que era su hermana".
Bell explica que, desde la perspectiva clínica y neuropsicológica, la culpa del sobreviviente surge como un mecanismo de defensa para contrarrestar el caos.
"Ya sea por lazos de empatía, el sobreviviente siente que seguir adelante o estar bien equivale a traicionar el dolor y la memoria de quienes murieron".
Hay personas que se minimizan, que sienten que no merecen haber sobrevivido en la tragedia que los dejó sin su ser querido.
Y ese fenómeno no solo se da entre familiares.
"Le ocurre con frecuencia a los rescatistas y al personal de salud, personas que hicieron todo lo que pudieron por salvar a alguien y no pudieron. Piensan: 'yo estoy aquí, viva, y no pude salvar a esa persona'".
De acuerdo con la experta, la culpa del sobreviviente se puede manifestar con síntomas que incluyen insomnio, pesadillas recurrentes, tensión muscular, ataques de pánico.
Sobrevivientes en Colombia y Venezuela han perdido seres queridos y sus viviendas y con sus casas también quedaron destruidos objetos que formaban parte de su historia personal y familiar. (Foto tomada en Venezuela) [Raúl ARBOLEDA / AFP vía Getty Images]
Y también con el autocastigo, con privarse de momentos de descanso, de alegrías, de pensamientos positivos.
"Es como vivir el luto en sí mismo, no el de vestirse de negro, sino el de no disfrutar absolutamente nada porque creen que es un irrespeto al que no sobrevivió".
Algunas personas pueden tender a aislarse y a no reconectarse con otros familiares por temor a ser juzgados.
"La persona falleció, pero tú quedaste vivo", señala Bell. "Y eso no te hace injusto, el tema es cómo abordas esa situación".
Y en ese sentido, es fundamental contar con ayuda profesional especializada.
María Teresa Cuervo, directora del programa de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, en Colombia, le indica a BBC Mundo que en esos momentos no sirve simplemente decirle a la persona "no tienes la culpa".
"Hay que ayudarla progresivamente a revisar qué estaba realmente bajo su control y qué no".
El acompañamiento adecuado, señala, puede convertir esa culpa en otras maneras de conectarse con su pérdida, como la gratitud, la solidaridad, el propósito.
"La meta no es olvidar a quien murió, sino poder continuar viviendo sin sentir que hacerlo constituye una traición".
Clara Astorga, presidenta Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), le dice a BBC Mundo que la culpa del sobreviviente, aunque es una respuesta natural, es una distorsión cognitiva que no se apega a la realidad.
"La realidad es que los seres humanos enfrentamos la adversidad de la vida y tenemos poco control sobre muchas cosas que ocurren".
Lizcano es uno de los psicólogos del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) que participó en la ayuda humanitaria desplegada en Cali, una de las zonas más afectadas por el terremoto en Colombia.
Allí, colapsó el edificio en donde vivía el padre que perdió a su hija.
"El señor no se movía del lugar, ni de noche, ni de día. Ayudaba a los rescatistas a sacar rocas y rocas y rocas".
Un grupo de voluntarios pedía silencio, el 11 de agosto, durante la búsqueda de sobrevivientes en un edificio que se cayó por el terremoto en Cali, Colombia. [Joaquin SARMIENTO / AFP via Getty Images]
Con el paso de las horas y al no encontrar a la niña en los lugares de donde habían salido algunos sobrevivientes, los especialistas, guiados por los protocolos de intervención en crisis, dieron un paso muy difícil.
"En un punto empezamos a decirle que era posible que, de encontrarla, ya no estuviera con vida. Decirle eso a un papá que lucha y lucha es muy duro, pero había que hacerlo, había que hablarle de las posibilidades, del sentido de realidad".
El padre siguió ayudando a excavar y Lizcano y los otros miembros del grupo lo apoyaron.
En la madrugada del viernes hallaron a la niña.
"Ese llanto, ese desplome de ese padre nos conmovió. Se me vinieron las lágrimas, todos queríamos encontrarla con vida".
Sin embargo, el experto plantea que el hecho de que pudiera hacer una parte del duelo en el lugar de la tragedia "es un avance significativo para su salud".
A Lizcano le emociona el altruismo de los colombianos en medio de tragedias y los invita a que tomen cursos de primeros auxilios psicológicos para ser voluntarios en situaciones de crisis. [Cortesía de Hamilton Lizcano]
"Le surgieron preguntas: '¿por qué no pude llegar antes? ¿por qué tuvimos que esperar horas?' Y es cuando el médico rescatista se acerca, lo sienta en una silla y le dice: "No, papá, es que ella murió porque le cayó una pared, no porque pasaron horas y no la pudimos rescatar".
"Ese papá necesita una red de apoyo", indica el psicólogo. Ya se localizaron a sus familiares en pueblos cercanos a Cali y la madre de la niña, que vive en el exterior, ya había vuelto a Colombia. Para ellos, es fundamental la atención emocional especializada.
Lizcano ahora está en Neiva, en el suroccidente de Colombia.
"Recordar esa imagen es muy, muy doloroso", me dice sobre el padre y su hija.
Bell recuerda esos primeros días tras el doble terremoto y a los sobrevivientes de diferentes edades que llegaron al hospital en el que trabaja en Venezuela.
"Mi mayor reto fue el caos emocional, fue silencioso, desgarrador, no tenía palabras para describir el sentimiento de cada una de las personas que trabajamos y apoyamos a este tipo de personas".
"Me quedé en el hospital, día y noche, por unas semanas".
Áreas del estado La Guaira, en Venezuela, quedaron desoladas. [Getty Images]
"La noche y la mañana era la misma, la única diferencia era el cambio de color del cielo. Cuando estás en un hospital ante una crisis, el día se convierte en noche y la noche en tarde, sin una zona de seguridad psíquica para quienes trabajamos en ese espacio".
Muchos de sus compañeros empezaron a buscarla y ella los apoyó con diferentes técnicas.
"Fue un doble trabajo: acompañar a estas personas vulnerables por el terremoto y también acompañar a mis compañeros, enfermeros, rescatistas, que venían con ataques de pánico, que nunca habían enfrentado una situación de este tipo y que necesitaban atención".
Y, así, le surgió una idea inspirada en lo que en algunas escuelas se conoce como "el rincón de la calma".
Bell instaló en su consultorio "el rincón del fuego" para sus compañeros.
"Ahí es donde tienes que botar el fuego, donde tienes que botar todo lo que sientes, puedes darte el permiso, estás solo, puedes gritar, llorar, hablar contigo mismo. De alguna manera, drenar lo que sientes".
"Y, después de que se sentían listos, venían y hablaban conmigo".
Ese retiro, esas pausas escalonadas, dice, les permitieron de alguna manera continuar "porque no teníamos posibilidad de flaquear".
"Fue un espacio para autorregularse durante 10, 15 minutos. En las guardias, era la oportunidad para tratar de desconectarse por un momento de la situación crítica y de emergencia. Eso era importantísimo".
"Nosotros perdimos compañeros de trabajo, perdimos familiares de compañeros de trabajo, perdimos pacientes que veíamos desde hacía mucho tiempo".
Bell explica que, en la emergencia, se implementaron los primeros auxilios psicológicos para estabilizar los niveles de ansiedad y desesperanza de los sobrevivientes que llegaban al hospital.
Pero además de las técnicas de contención emocional, para ella era clave brindarles "herramientas fundamentales para continuar".
"Hay que tener una metodología para poder hacer que la persona identifique su propia valía y sepa cómo avanzar".
Las innumerables muestras de afecto y solidaridad entre los venezolanos también han cobijado a muchos de los sobrevivientes. [Fedérico PARRA / AFP vía Getty Images]
Y lo mismo ha ocurrido en Colombia, donde la comunidad se ha movilizado y ha apoyado de muchísimas maneras a los sobrevivientes. [Raúl ARBOLEDA / AFP vía Getty Images]
En sus recorridos por las habitaciones, por las salas del hospital, la psicóloga no solo escuchó las historias desgarradoras de los pacientes, sino que los invitó a ver "la posibilidad de un futuro".
Y también vivió experiencias que la hicieron sonreír y derramar "lágrimas de amor", como el niño que le pidió a su tía que lo llevara a verla. "Me abrazó y me dio un beso". Ese niño estuvo cinco días atrapado con su familia y fue el único que sobrevivió.
Recuerda a una muchacha que, tras perder a su mamá y a su hermano, quedó sola.
"Yo hablaba con ella, la visitaba en la mañana, en la tarde, volvía otro día a medio día, y, después, en la noche. Iba intercambiando".
"Pero ella casi no hablaba, casi no me decía nada, solo me miraba".
En medio de la tragedia, ha habido experiencias que le han sacado sonrisas a la doctora Bell. "Los dos señores que lloraban de alegría porque uno no perdió su mano y el otro no perdió su pierna". [Cortesía de Francis Bell]
La joven de 21 años había tenido problemas con su madre. "Su temor o culpa era que no había resuelto cosas con su mamá".
Un día le dijo a Bell: "A mí me hubiera gustado que tú hubieses sido mi mamá, pero, a través de ti, veo que mi mamá me está hablando porque me está diciendo que me perdonó".
Con la voz emocionada, la doctora me cuenta el impacto que esas palabras tuvieron en ella, el sentir que, de alguna manera, estaba ayudando a esa joven a liberarse de la culpa y a darse cuenta de que podía tener apoyo para enfrentar su dolor.
También me relata la historia de un señor que había perdido a su esposa, a sus dos hijas y su casa en el deslave, también en La Guaira, de 1999.
"Se vuelve a casar, tiene dos niños pequeños y vuelve a perder a su familia y su casa en los terremotos".
"Hablo con él y me dice que ya no tiene esperanza, que no tiene fuerza ni ánimos de tener pareja, ni hijos, porque se dio cuenta de que eso no es para él".
"Y resulta que en el mismo hospital se encontró con quien fue su primera novia, su primer amor. La señora le dijo: 'Vente conmigo, nos vamos a Barinas, allá está mi papá'. Ese caso me sacó lágrimas".
Astorga, como muchos psicólogos, ha ido a La Guaira a brindar apoyo.
"Es como cualquier película que hayas visto del apocalipsis por kilómetros y kilómetros y kilómetros. Es una imagen para la que ningún cerebro, ningún ser humano está preparado".
Para Astorga, uno de los roles de los psicólogos en Venezuela es apoyar a los sobrevivientes a "hacer las despedidas, los cierres, para poder pensar en el futuro" y ayudarlos a ver sus potencialidades. [Cortesía de Clara Astorga]
Cuenta que tres días después de los terremotos, la FPV abrió una formación especializada porque "ser psicólogo no basta para atender algo así".
El curso se concentra en áreas como los primeros auxilios psicológicos, la psicología del trauma y la psicología de la emergencia.
"Se inscribieron 700 psicólogos", cuenta. "Tenemos un ejército de psicólogos preparados para, de forma continua, acompañar a la población, pero sabemos que el reto es un muy grande".
Muchas personas, tanto en Colombia como en Venezuela, no pierden la esperanza de que sus seres queridos puedan ser encontrados entre los escombros.
Las labores de rescate continúan en varios lugares de Pereira, Colombia. Esta foto es del 14 de agosto. [Alexis Munera/Anadolu vía Getty Images]
"El duelo ante la muerte de un ser querido siempre va a ser duro", indica Astorga. "Pero cuando tienes que hacer el duelo de un cuerpo que no viste, del que no tienes cómo despedirte, se hace muy complicado", dice en referencia a la situación en Venezuela.
Y hay personas que están viviendo ese duelo de una manera múltiple porque fueron las únicas sobrevivientes de sus familias.
"Es prioritario para una persona que necesita hacer el cierre, la despedida, recuperar al ser querido para darle la sepultura, pero también es importante que coma, tome agua, trate de dormir, que se cuide".
Con herramientas de la psicología, señala, es fundamental acompañar y comprender a ese sobreviviente en ese proceso emocional, pero "es la persona la que da la pauta, no el especialista".
Anicarmen Chirinos es una psicóloga del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) que, tras los terremotos, fue asignada a un campamento transitorio que la misma comunidad conformó en un estadio de béisbol en La Guaira.
Anicarmen Chirinos brindó apoyo psicológico en un campamento de damnificados en el estadio de beisbol César Nieves de Catia La Mar, en Venezuela. [© UNFPA Venezuela / Mauro Medina]
Junto a tres psicólogas de otras agencias de las Naciones Unidas y de un hospital dominicano, le ofreció apoyo a damnificados en el campamento y en las zonas aledañas.
El rol de las líderes comunitarias fue clave para llegar a ellos. "Pese a sufrir sus propias tragedias y duelos, siguieron asumiendo el liderazgo".
Chirinos atendió a varias adolescentes y mujeres en sesiones individuales de emergencia para la contención emocional.
En la cuarta sesión de una de ellas, algo la marcó.
"Te vine a contar que me acabo de bañar y que me tardé 40 minutos", le dijo con una sonrisa. "Desde el terremoto no me había lavado el cabello. Además, me eché un gel. Me sentí tan bien".
Esa mujer treintañera y muchas otras le habían expresado el miedo que les generaba que otro terremoto ocurriera y ellas tuvieran que correr desnudas.
Pero, las sesiones con Chirinos le ayudaron "a sentirse más tranquila" y a recordar la importancia del autocuidado.
Sobrevivió junto a su madre, pero perdieron seres queridos y su vivienda.
Una joven damnificada en "Ciudad Carpita", un refugio improvisado que se levantó en Mare Abajo, en Venezuela. [Raúl ARBOLEDA / AFP vía Getty Images]
Ese detalle de contarle que se había bañado en la casa de una vecina es algo que Chirinos agradece mucho.
"Me permite encontrar la belleza dentro de toda esta catástrofe".
También me cuenta cuánto le impactó el deseo de vivir de una joven de 19 años que fue la única sobreviviente de su familia y que perdió su casa.
Además de un trabajo psicológico individual, la especialista abordó con ella los riesgos de estar sola y mecanismos para protegerse "porque la violencia basada en género era algo real".
Para Chirinos era fundamental que las sobrevivientes comprendieran que el apoyo psicosocial es como un bastón que te ayuda a agarrar impulso.
Cuando la FPNU configuró el equipo que se quedaría en el campamento por los siguientes seis meses, Chirinos se despidió. Regresó a Maracaibo, desde donde me habló a través de una videollamada.
Para Astorga, en estos momentos lo más importante para los profesionales de la psicología y la psiquiatría en Venezuela es que muchas personas están saliendo del shock inicial para comenzar a procesar los duelos y ver cómo seguirán con sus vidas.
"No podemos banalizar o solo distraer. El mensaje es que tienes el derecho de llorar, este es el momento, y te acompañamos".
Lo que se busca es evitar que se desarrolle un trastorno postraumático.
"Es importante recordarle que es un sobreviviente, que está aquí y ahora y que hay otras redes sociales que crecieron en su vida, otras cosas que todavía están en su vida, un talento, unos estudios, unos intereses".
Cuando se reconoce el dolor, indica, las personas pueden desarrollar la capacidad de continuar y llevar una vida con sentido, sin olvidar lo sucedido.
"Tenemos un trabajo largo también para acompañar a los profesionales de primera línea que han sido víctimas casi directas, es un personal que ha estado sometido a situaciones extremas", indica Astorga.
Es clave "acompañar", desde la psicología, a los profesionales de primera línea, como médicos, enfermeros, rescatistas, que han estado sometidos a "situaciones extremas", dice Astorga. (Foto del 26 de junio, en Venezuela) [Julio Urribarri/Anadolu vía Getty Images]
En seis semanas, dice, los diversos programas de la FPV han hecho más de 2.160 consultas, de ellas más de 1.400 en el terreno.
Cientos de atenciones se han realizado a través de su línea telefónica de emergencia Lapsi y plataformas digitales.
Unos 200 psicólogos voluntarios se rotan en horarios diferentes para asistir, en el terreno, a los sobrevivientes.
El gobierno, instituciones académicas, como la Universidad Católica Andrés Bello, y organizaciones no gubernamentales también han abierto líneas de apoyo psicológico.
En Colombia, el ministerio de Salud cuenta con la línea de apoyo emocional que funciona las 24 horas.
Tras el terremoto, la Fundación Universitaria Konrad Lorenz activó un servicio de atención psicológica.
Cuervo plantea varios retos de dar ayuda psicológica a las víctimas del terremoto en Colombia, entre ellos está que el apoyo no acabe cuando disminuya la atención mediática.
"Algunas consecuencias psicológicas pueden aparecer semanas o meses después, cuando la persona empieza a procesar lo ocurrido".
Otro desafío es que no se trata únicamente de atender a individuos y sus necesidades específicas.
"La recuperación psicológica también pasa por reconstruir la confianza, la cooperación y la sensación de pertenencia".
Tras una tragedia, señala Cuervo, "no solo debemos preguntarnos '¿qué síntomas tiene esta persona?', sino también '¿qué necesita para volver a sentirse segura, conectada y capaz de continuar?'". [Cortesía de María Teresa Cuervo]
En el caso de Venezuela, plantea Bell, es fundamental concebir programas de atención a la salud mental, a través de políticas públicas, que den herramientas para seguir adelante en caso de trauma, crisis, situaciones inesperadas, y que abarque todos los niveles, desde la escuela.
"Ir más allá discurso del auxilio, que es necesario, e implementar la pedagogía de la emergencia: que tengas una esperanza, opciones, que pises tierra y veas la realidad, que no veas el mundo más oscuro, sino que veas una luz al final del túnel".
Despojar a la ayuda psicológica de cualquier estigma es clave para Chirinos, así como entender que cada sobreviviente tiene sus prioridades y su realidad.
"Ellos también tienen sus tiempos".
De ahí, la importancia de las redes de apoyo que se han tejido para llegar a las víctimas.
"Solo nos salvamos juntos, no hay otra forma", reflexiona Astorga.
[BBC]
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, Facebook, X y en nuestro canal de WhatsApp.
Y no olvides suscribirte aquí a nuestro newsletter para recibir cada viernes una selección especial de nuestro mejor contenido.